Super Mario Galaxy es el primer episodio de Mario en la popular consola de Nintendo Wii, y supone un salto estelar en la franquicia.
En el mes de noviembre del año 2007, la Nintendo Wii cumplía su aniversario de lanzamiento y uno de los primeros discos de cabecera estrenados en dicho período fue Super Mario Galaxy, el tercer juego en 3D de la saga de Super Mario. No fue uno de los títulos de apertura debido a los retrasos programados de los desarrolladores, los cuales se tomaron tres largos años para ajustarlo finamente a la consola y sobrepasar las barreras técnicas de su sistema de física. Su desarrollo corrió a cargo de los miembros de Nintendo EAD Tokyo a comienzos del año 2004, partiendo del marco conceptual de plataformas esféricas que se había mostrado años atrás con la demo del Super Mario 128 que nunca vio la luz en la GameCube y que, dicho sea de paso, terminó convirtiéndose en tan solo un rumor fabricado por los suertudos que lo vieron durante la celebración del Nintendo Space World del año 2000 (actualmente el material encontrado puede verse en YouTube). Los devs querían, ante todo, que mantuviese el equilibrio adecuado de accesibilidad en comparación con las entregas anteriores del plomero italiano de la cachucha roja, con el objetivo de que cualquiera pudiese disfrutarlo sin muchos percances.
Han pasado más de 15 años desde que Super Mario Galaxy llegó en aquel entonces a las estanterías para que todos los afortunados de entonces gozaran de lo que ofrecía y es, además, el lapso que he tardado en jugarlo por primera vez en mi Wii. Y, a decir verdad, me sobran los adjetivos para calificarlo. No solo se trata, a mi parecer, de uno de los juegos de Super Mario más originales que he jugado, sino de uno que eleva al cuadrado el género de plataformas para ofrecer una jugabilidad extraordinaria que me da un boleto en primera fila a una excursión por galaxias lejanas compuestas de mundos esféricos, en la que nunca me siento cansado y siempre salgo sorprendido con cada salto que doy en los planetas gobernados por la gravedad. En su núcleo jugable hay mucha sencillez, pero también un grado de innovación que está a años luz y que lo distancia diametralmente de cualquier otro producto de similar envergadura.
La historia en sí misma no es muy distinta a la de los otros productos de Super Mario, pues su narrativa se desarrolla alrededor del tropo clásico en el que Mario debe rescatar a la princesa Peach de las manos del villano Bowser. Sin embargo, se sitúa en el espacio sideral y comienza cuando Mario acude a ver a la princesa Peach en la noche del Festival de las Estrellas (una festividad centenaria en la que se mira un cometa en el Reino Champiñón como tributo) para observar a una criatura alienígena en forma de estrella llamada Luma. El catalizador sucede una vez que Bowser invade el reino en una flotilla de aeronaves que escupen bolas de fuego y petrifican a los ciudadanos en cristales, donde remueve el castillo de sus cimientos con un platillo volador gigantesco y rapta a la princesa a los confines del universo para que sea testigo de la creación de su galaxia. Tras el asedio, Mario es lanzado a un planeta en el que conoce a Luma y a la princesa espacial Rosalina que reside en una nave interestelar que viaja por el universo como un observatorio de cometas. Pero la nave está en un estado inmóvil porque Bowser ha robado las estrellas que actúan como combustible para que arranque, por lo que Mario emprende un viaje por el universo para ayudar a Rosalina a recuperar las estrellas perdidas necesarias para activar la fuente de energía de la estación y, ante todo, llegar así hasta el centro del universo en el que se halla secuestrada la princesa Peach.
En términos de jugabilidad, el juego no se aleja de las convenciones de plataforma por la que se ha caracterizado la franquicia a lo largo de su historia, donde controlando a Mario ejecuto acciones básicas como caminar, correr, nadar, saltar, trotar, deslizarse, trepar y atacar a los enemigos. Pero la pieza más novedosa sin duda es la mecánica de plataformas esféricas que mantiene a Mario sometido a fuerzas gravitacionales que, en cada nivel, invierten la perspectiva de la cámara para equilibrar con cierta alternancia los modos clásicos de las tres dimensiones y el desplazamiento lateral en 2D. Como está ambientado en el espacio exterior, las seis cúpulas de la nave espacial (baño, cocina, dormitorio, jardín, mirador y sala de máquinas) contienen una puerta estelar que brindan el acceso necesario para llegar a las galaxias específicas en las que se encuentran las Superestrellas que debo recolectar controlando a Mario.
Los niveles superiores son presentados como cúmulos de galaxias en los que, por lo general, en cada uno de ellos (exceptuando el del preámbulo) hay cuatro galaxias y una dimensión desconocida de Bowser; mientras que, por el otro lado, el interior de cada galaxia está compuesto de pequeños planetoides que flotan sobre el espacio como subniveles, en donde justamente entra en juego la fuerza de gravedad, en la que Mario puede circunnavegar sobre objetos redondos o irregulares (incluso corre boca abajo o de lado) dentro de los límites establecidos para completar los objetivos que, en esencia, son los mismos de otros episodios: explorar las áreas, superar los obstáculos, derrotar a los jefes que esperan al final de algunos niveles y resolver los rompecabezas que entregan una estrella como regalo. A medida que recolecto más Superestrellas, se desbloquean nuevas galaxias que amplían la oferta de estrellas. Hay un total de 120 estrellas distribuidas entre las 42 galaxias disponibles (incluyendo las que son secretas).
A diferencia de Super Mario 64, donde todas las estrellas tienen un aspecto uniforme de color amarillo con ojos negros, esta vez hay una nueva clasificación que agrupa las estrellas por orden de relevancia. En el grupo más común están las Superestrellas amarillas que se hallan principalmente siguiendo las instrucciones de cada misión asignada. Pero también están las raras Superestrellas verdes, que se adquieren de manera secreta en tres niveles específicos y que sirven para desbloquear las tres galaxias de retos. Y también en una escala mayor están las Maxiestrellas, que solo se toman tras derrotar a Bowser Jr. o al propio Bowser en las dimensiones ubicadas al final de cada domo. Al reunir las 120 estrellas como Mario automáticamente se desbloquea a Luigi como personaje jugable, y en caso de obtener la misma cuantía con Luigi, el juego me recompensa con un desafío adicional por pasar las dos campañas, en la que se consigue la estrella No. 121 y un final extendido con imágenes conmemorativas de los personajes que se pueden enviar al tablero de mensajes de Wii.
Adicionalmente a las superestrellas normales hay otras que se obtienen de unos cometas multicolor que se desbloquean al finalizar todas las estrellas de una galaxia y que ofrecen otros retos agregados. Los Cometas Pícaros, como se hacen llamar, afectan a las galaxias cambiando la jugabilidad del nivel y solo se pueden conseguir buscándolos donde se halla Luma Cometa, que rastrea y cambia las órbitas de los cometas entre las galaxias disponibles a cambio de 20 trozos de estrella. Hay cinco tipos diferentes de cometas pícaros, cada uno de un color diferente: rojo, blanco, azul, amarillo y púrpura. El Cometa Rojo me obliga a terminar un nivel a contrarreloj, dentro de un límite de tiempo. El Cometa Blanco crea una clon cósmico del personaje controlado (Mario o Luigi), con el que debo competir en una carrera. El Cometa Azul establece que Mario se enfrente a un jefe con un solo pedazo de energía o, en otros casos, que complete un nivel determinado hasta llegar a la Superestrella. El Cometa Amarillo altera la atmósfera de los planetas para que Mario deba completarlos en un estado de aceleración constante. Por último están los Cometas Púrpuras, que se desbloquean al terminar el juego por primera vez y permiten que Mario recolecte las monedas púrpuras que están ubicadas en 16 galaxias (un total de 100 por cada galaxia).
Las tareas de recuperación de estrellas me parecen sumamente divertidas porque, ante todo, poseen un factor de variabilidad que logra que cada galaxia explorada se sienta como una experiencia catártica y totalmente impredecible por el gran número de desafíos y de misiones que trasladan mis sentidos táctiles por lugares que nunca había recorrido antes, incluso por las tuberías más comunes. Para completarlas adecuadamente, Mario tiene a su disposición la mayoría de las habilidades de Super Mario 64, como el salto de longitud, los saltos de pared, los caparazones (rojos y verdes) y los triple saltos mortales; así como la interfaz de estado que muestra las Superestrellas recolectadas, el medidor de salud, la cantidad de monedas y el número de vidas. Como es habitual Mario obtiene una vida extra recolectando el Champiñón vida extra o 50 monedas de oro sin perder una vida. Pero además, tiene una serie de mejoras que facilitan el trayecto por las estructuras en órbita.
Entre estos nuevos potenciadores se encuentra un sinnúmero de transformaciones de Mario, entre las que se pueden citar la clásica Flor de Fuego, con la que Mario lanza bolas de fuego a los enemigos; la Seta Abeja, con la cual Mario flota en el aire, trepa sobre panales y camina sobre nubes y flores; la Seta Muelle, que sirve para saltar a áreas altas que de otro modo serían inaccesibles; la Seta Fantasma, con la que Mario se transforma en fantasma para levitar en el aire, volverse transparente y moverse a través de ciertas paredes; la Estrella Roja con la que Mario vuela temporalmente por los aires; la Flor de Hielo, que otorga inmunidad a los ataques de fuego y hace que Mario cree plataformas hexagonales sobre las superficie líquida; y, por último, la veterana Estrella Arcoíris con la que Mario gana invencibilidad temporal y corre más rápido. En adición a esos, en varios niveles hay un Champiñón de energía que expande temporalmente a seis unidades el estado de salud, algo que es de gran ayuda porque la salud de Mario consta de solo tres piezas y se acaba al entrar en contacto con enemigos y los peligros cercanos. Cuando el medidor de salud se agota (aplastado por rocas, cayendo al agujero negro, tragado por arenas movedizas, etc.), el jugador pierde una vida y debe regresar a un punto de control predeterminado. Pero por suerte, la salud, así como el suministro de aire de Mario (si está buceando) se pueden restaurar recopilando las típicas monedas de oro.
La cualidad más innovadora es la manera en que se controla mediante el control remoto de Wii y el Nunchuk. Con este mando se añade la característica del Star Pointer, un cursor azul con forma de estrella que aparece cuando el puntero del control apunta a la pantalla usando el sensor de movimiento, con el cual se pueden recoger objetos especiales en forma de estrellas llamados Trozos de estrella, que además de actuar como moneda in-game para alimentar los Lumas Hambrientos que desbloquean galaxias, también pueden ser disparados para aturdir a los enemigos y manipular objetos, como los pequeños objetos azules denominados Estrella imán, que arrastran a Mario por el espacio. Esta funcionalidad también permite a Mario moverse libremente en el espacio en los niveles en que se encierra en una burbuja flotante que solo se mueve utilizando el cursor estelar para soplar y maniobrar. Por otro lado, el segundo consiste en la habilidad conocida como la técnica "Girar", presente en diversas formas desde otras entradas, pero que en esta ocasión el giro para atacar a los enemigos cuerpo a cuerpo se ejecuta girando el control remoto, además de que es bastante práctico para atontar enemigos y destrozar objetos, así como para activar hélices especiales con forma de estrellas que lanzan a Mario a grandes distancias dentro de los niveles. Los giros, asimismo, ayudan a Mario a patinar sobre hielo, presionar interruptores, desenroscar pernos, surfear sobre mantarrayas, trepar enredaderas, activar potenciadores y balancearse sobre una pelota que me saca de quicio en los niveles de las carreras de canicas.
Más allá de los factores de jugabilidad, a día de hoy el engranaje técnico de Super Mario Galaxy se ve maravilloso y me causa una impresión significativa desde el minuto uno en que sostengo el mando. Por la parte visual, su estética edifica el concepto de plataformas con un apartado gráfico en 3D que es bastante impresionante cuando renderiza los niveles redondos a través de una lluvia de destellos, colores y atmósferas espaciales que siempre combina diversos climas para que el diseño nunca pierda la consistencia tonal, ofreciendo una detallada variedad de planetoides donde predominan los paraísos tropicales, las playas veraniegas, las colinas chocolateras, las burbujas cosmológicas, los pasteles gigantescos, los volcanes gélidos, los desiertos con remolinos, las fosas acuáticas, las mansiones fantasmagóricas, las flotas de naves estelares, los lagos pantanosos, los reinos de abejas, las fortalezas galácticas, los jardines colgantes, los campos otoñales, los juguetes estacionarios, las calderas infernales. Por la parte sonora, satisface mi sentido del oído cuando escucho los ruidos y las voces contagiosas del universo de Mario, pero, sin lugar a dudas, lo que encumbra su potencial acústico es la banda sonora compuesta por Mahito Yokota y Koji Kondo, que emplea por primera vez en la saga una orquesta sinfónica, de la que consigo extraer esa inolvidable sensación de haber escuchado algo fuera de este mundo cuando mi memoria recupera los inolvidables temas de la Galaxia Tierras Flotantes, la Galaxia Paseo Infernal y la Galaxia Peñasco Indómito.
Yo a lo largo de los años he jugado varios juegos de Super Mario y puedo decir, sin temor a equivocarme, que de ese grupo solo Super Mario World y Super Mario 64 alcanzan el estatus privilegiado de obras maestras dentro de la cima de la pirámide de Nintendo. Pero me atrevo a colocar a Super Mario Galaxy a un peldaño de desbloquear ese logro, si no fuera por los tres niveles de la galaxia de desafíos que se extienden innecesariamente. La aventura que proporciona me resulta bastante disfrutable, y ofrece un horizonte de autonomía que me saca una sonrisa en cada galaxia conquistada durante el turismo cosmológico, como si fuera un astronauta perdido en la inmensidad de un espacio intergaláctico que espera ser descubierto. Cuando derroto a Bowser, rescato a la princesa y restablezco la paz en el universo recreado por los Lumas con el brillo de una supernova, permanezco suspendido por su centro de gravedad, convencido de que es una de las experiencias más gratificantes que me ha proporcionado la Wii.
Desarrolladora: Nintendo
Distribuidor: Nintendo
Año: 2007
Género: Plataformas
Consola: Nintendo Wii
Calificación: 9/10
Año: 2007
Género: Plataformas
Consola: Nintendo Wii
Calificación: 9/10
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